sábado, 25 de mayo de 2013

LA PREHISTORIA DE LOS SABORES


Corresponde a un francés el mérito de haber puesto un poco de orden en el panorama de las impresiones gustativas: el gran químico Chevreul, famoso sobre todo por sus trabajos sobre las grasas, diferenció en 1824 las sensaciones olfatorias, gustativas y táctiles: supo reconocer que la percepción del calor o del frío es distinta de la de lo dulce o lo amargo; separó las sensaciones táctiles de la boca, así como las sensacio­nes propioceptivas (la «dureza»). Con Chevreul, el gusto de los fisiólogos -los sabores- se separó del gusto «cotidiano», que engloba todas las sen­saciones asociadas a la ingestión de los alimentos o de las bebidas.
En la misma época, aunque en otro círculo, el de los gourmets re­unidos alrededor deBrillat-Savarin, la confusión sólo se producía entre los sabores y los aromas. Se sabía que la lengua percibe los sabores, pero se creía que también la nariz era un receptor. Excepto por algunos peque­ños errores, las ideas expresadas en el Tratado de la Fisiología del gusto Son de una perspicacia sólo comparable con el amor que su autor sentía por la cocina: ”el número de sabores es infinito porque cada uno de los cuerpos solubles tiene un gusto especial, que no es exactamente igual a ningún otro [ ... ]. Y como, hasta ahora, no se ha presentado aún la circuns­tancia de que un sabor haya sido apreciado con exactitud rigurosa, nos he­mos visto obligados a atenernos a un pequeño número de expresiones gene­rales, como dulce, azucarado, ácido, amargo, y otras semejantes, que en un último análisis, se pueden resumir en dos: agradable o desagradable».
Pero, un poco después, Brillat-Savarin añadió que “todo cuerpo sápido es necesariamente aromático”. Había olvidado que hay algunas moléculas que son muy poco volátiles a temperatura ambiente y por lo tanto inodoras, pero que se unen muy bien a los receptores de la lengua y del paladar y tienen sabor: por ejemplo, la sal es sápida y sin embargo inodora

No hay comentarios:

Publicar un comentario